16 de Oct de 2019
La historia de Alfredo Ballí, el asesino de Topo Chico
08 de Octubre de 2019
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Con el enorme candado que se usó para cerrar las puertas del penal del Topo Chico el pasado 30 de septiembre, llegó a su fin la historia de uno de los sitios más ingobernables y violentos de Nuevo León.

Ahí quedaron vacías las viejas y sucias celdas, una de las cuales podría haber pasado inadvertida de no ser por un documento oficial en poder de REFORMA, que data del 6 de octubre de 1961, y que apunta: "Traslade al reo Alfredo Ballí Treviño del Ambulatorio No. Separos al No. 5".

De acuerdo, también, con testimonios de viejos custodios, esta reducida y ruinosa celda albergó al que sería uno de los criminales más alucinantes, no sólo en Monterrey sino de México.

Horrendo crimen

El 8 de octubre de 1959, el pasante de Medicina Alfredo Ballí Treviño, de 28 años, recibió en su consultorio de la Colonia Talleres a su amigo Jesús Castillo Rangel, de 24.

Aunque versiones indicaron que habrían sostenido alguna discusión, otras señalaron que Castillo se dejó inyectar pentotal sódico en el brazo a manera de droga como en ocasiones anteriores.

Adormecido Castillo, Ballí lo desangró en un baño contiguo al consultorio, lo desarticuló con un bisturí y envolvió los restos en una manta, que depositó en una caja.

Posteriormente, con ayuda de un conocido que ignoraba el contenido de la caja, lo enterró en una zona despoblada.

La mala sepultura del cuerpo hizo que un pastor y un policía auxiliar pasaran por el lugar y uno de sus animales, una vaca "pinta", se separara del resto para olisquear el sitio. El hallazgo fue macabro.

Con apoyo de testigos, la Policía detuvo en su consultorio a Ballí, quien no opuso resistencia, aunque ofreció sobornos en vano.

Alejandro Garza Delgado, Fiscal del caso que horrorizó a la sociedad regiomontana, reveló que el motivo del crimen fue que Castillo no quiso continuar la relación sentimental que sostenía con Ballí.

"En la historia del crimen en México nadie recuerda un asesinato de esta categoría", declaró Garza Delgado, quien luego sería director de la Policía Judicial y fiscal de la PGR, y falleció en el 2009.

El Juez Marco Antonio Leija condenó a muerte a Ballí, sanción vigente en esa época, aunque en 1970 la pena fue conmutada a 27 años de prisión. Aquella fue la última sentencia de muerte dictada en México.

Por el crimen que horrorizó a Monterrey, Ballí fue llamado "Médico asesino", "Monstruo de la Talleres" y "Vampiro Ballí", pero el tiempo y nuevas tragedias hicieron que la ciudad olvidara a aquel hombre.

Aunque Ballí no tuvo título profesional, atendió a la población del Topo Chico y hasta a sus familiares, lo que le dio posición y respeto en la prisión.

Nacido en Méndez, Tamaulipas, en 1931, el detenido purgó su condena y salió en libertad en 1978. Volvió al consultorio de la Colonia Talleres, donde cambió para siempre su vida y consultó a pacientes pobres hasta su muerte en el 2009.

Oscura leyenda

La historia se quedó en viejos periódicos hasta que en el 2013 el escritor estadounidense Thomas Harris, autor de "El silencio de los inocentes", reveló en el 25 aniversario de la novela que para crear al siniestro Hannibal Lecter se inspiró en un médico de Monterrey al que llamó "Doctor Salazar".

En 1959, Harris, entonces reportero, visitó Topo Chico para entrevistar al estadounidense Dykes Askew Simmons, sentenciado a muerte por asesinar a miembros de una familia en la Carretera a Laredo.

"Ahí conocí al 'Doctor Salazar'", dijo Harris sobre aquel hombre que creyó era el médico de la prisión, de apariencia refinada y tono extraño en sus preguntas, hasta que alguien le aclaró que en realidad era un asesino capaz de "empaquetar a su víctima en una caja sorprendentemente pequeña".

El periodista Diego Enrique Osorno reveló días después que Harris se había puesto en contacto con él tiempo atrás para que le ayudara a indagar la identidad y paradero del "Doctor Salazar", lo que así sucedió. Ballí nunca volvió a prisión.

Acaso ninguno de los reos que ocuparon la celda No. 5 del Ambulatorio 5, en la zona más ruinosa de la prisión, supo la dimensión del delincuente que la habitó.

Tal como Ballí, seguramente desconoció la leyenda oscura que había inspirado.

 

 

(Con información de REFORMA)

 



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